
Las dos Comunidades Autónomas que este fin de semana dirimían su futuro a través de sendas convocatorias electorales, protagonizaron una jornada que resultó tranquila a la hora de votar, que se volvió de infarto a la hora del recuento, y que terminó con dos vuelcos electorales en toda regla.
Mientras en el
País Vasco, después de tres décadas, los partidos constitucionalistas –
PSE, PP y UPyD– consiguen juntos arrebatar la mayoría absoluta al bloque nacionalista, y el socialista
Patxi López podría ser el próximo inquilino de Ajuria Enea; en Galicia el PP ha conseguido un triunfo clave que le ha llevado a recuperar el control del Parlamento gallego, y el popular
Alberto Núñez Feijóo desalojará del palacio de San Caetano al socialista
Emilio Pérez Touriño y a su socio, el nacionalista
Anxo Quintana.
Lo realmente destacado de esta situación es que las urnas gallegas y vascas han propiciado un profundo varapalo a las fuerzas nacionalistas, repartiéndose los éxitos entre el PSOE y el PP... y es que, con estos resultados, tanto
Zapatero como
Rajoy tienen motivos para respirar tranquilos.
Zapatero ve cómo su partido pasa de los 18 escaños logrados en las autonómicas vascas de 2005 a 24, seis más que en los pasados comicios, aunque para redondear la jugada no tendrá más remedio que contar con la colaboración de PP y UPyD, lo que resultará de la máxima importancia para el Gobierno de España, ya que el
PNV, que hasta ahora ha apoyado al PSOE en Madrid en las votaciones más importantes, previsiblemente dejará de apoyarlo.
Mientras tanto, el PP vasco, por su parte, parece haber superado la ausencia traumática de
María San Gil; y UPyD sigue imparable su carrera ascendente colándose con un escaño en el Parlamento vasco.
También en
Galicia los cambios son notables, siempre con los nacionalistas como perdedores. En este caso, la balanza se inclinó del lado del PP, que ha obtenido el 47,10 % de los votos emitidos y 39 escaños, uno más que los necesarios para la mayoría absoluta.
Los gallegos han castigado la fallida sociedad del PSdeG de Touriño y el BNG de Anxo Quintana, que han sufrido una dura campaña electoral salpicada por acusaciones de corrupción y despilfarro y, a la contra, han ofrecido un excelente resultado a Alberto Núñez Feijóo, que supone por añadidura un balón de oxígeno para Mariano Rajoy, que recupera así terreno para hacer valer su liderazgo en el principal partido e la opisición en España.
La victoria en Galicia podría venir acompañada de un cambio de tono en la estrategia nacional del Partido Popular, ya que su líder podrá maniobrar ahora con más tranquilidad y dedicarse en cuerpo y alma a solucionar otros problemas.
Además, la relación entre el líder del Partido Popular y el presidente del Gobierno puede verse afectada en cierta manera, ya que ambos tendrán que "
negociar" una nueva concordancia en el País vasco, y el líder del PP cuenta con una mayor fortaleza para hacer oposición.